La cultura de la simulación en las empresas (o el postureo corporativo)
- Natalia Alcaide
- 21 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 9 dic 2025
Muchas empresas hablan de transformación, de trabajar con agilidad, de llevar las personas al centro, de escuchar todas las voces, de sostenibilidad, de liderazgo con propósito, de igualdad. Pero la realidad, es que todo eso "parece que", pero en la práctica, todo sigue igual. Lo visten mejor, lo comunican mejor. ¡Incluso se lo creen! Pero el cambio real no ocurre.
La puesta en escena: la cultura de la simulación
La cultura de la simulación, es un fenómeno organizacional en el que las personas actúan con roles aprendidos y copiados para encajar en la cultura dominante. Esto incluiría, por ejemplo, fingir entusiasmo o acuerdo, organizar reuniones donde se pide opinión, pero ya está todo decidido; trabajar en grandes proyectos para parecer que se trabaja, pero que no aportan nada nuevo (yo le llamo, teatro organizativo); tomar decisiones con las que no se está de acuerdo; callar ideas disruptivas para no “destacar”; o pedir originalidad e innovación cuando no se permite ningún error.
¿De dónde viene todo esto? Esta cultura nace de la presión por encajar, mantener el empleo, sobrevivir al día o incluso, ¡llegar a la edad de jubilación! Es ese perfil bajo de no digo nada, sonrío y sigo adelante. Todas las personas de la empresa actúan igual, hablan de lo mismo, hasta se visten igual. Todo para mantenerse, donde están por la razón que sea.
Todo parece que va a cambiar, pero todo sigue igual
Cómo se instala la cultura del "parece que sí, pero no"
Esta cultura se va construyendo poco a poco, desde pequeñas incoherencias que nadie señala, reuniones donde se pide opinión, pero ya está todo decidido;
Es un juego de apariencias: decir sin hacer, mostrar sin cambiar. Estamos ante el postureo corporativo.
En este entorno, las personas aprenden a sobrevivir. Aprenden que lo importante no es hacer, sino parecer que haces. Que lo que se valora no es tanto el impacto, sino la presentación del impacto. Se premia la visibilidad, no la profundidad, generando un entorno en el que los equipos actúan, no trabajan. Imitan comportamientos esperados, repiten los discursos oficiales, pero dejan de arriesgar, de cuestionar y de innovar.
Las consecuencias silenciosas del teatro corporativo: que dicen los estudios
El artículo de Harvard Business Review “The Real Reason People Won’t Change” (Kegan & Lahey) explica cómo incluso los empleados bienintencionados mantienen compromisos ocultos con el statu quo, frenando el cambio real (leer estudio). Desde Deloitte, The Corporate Lattice (Benko & Anderson) advierte sobre culturas que premian la apariencia de eficacia más que la aportación real. El antropólogo David Graeber, en Bullshit Jobs, documenta cómo muchos trabajos carecen de sentido y fomentan comportamientos simulados. La investigadora Amy Edmondson demuestra con sus estudios sobre seguridad psicológica que, sin espacios seguros para equivocarse o discrepar, las personas ocultan ideas y emociones (ver más). Finalmente, Edgar Schein, en Organizational Culture and Leadership, señala que cuando los valores declarados no coinciden con la experiencia diaria, se instala la desconfianza y el teatro corporativo. Todos coinciden en lo mismo:
Sin autenticidad, no hay transformación posible.
Simular que se escucha, que se valora el talento, que se apuesta por el cambio, desgasta más que no hacerlo, ya que genera una promesa no cumplida. La gente se ilusiona… hasta que se da cuenta de que solo era fachada. El resultado es cinismo organizacional, desconfianza, rotación del talento más valioso, y una desconexión progresiva entre lo que se dice y lo que realmente se vive. En muchas empresas, esto es tan habitual que ya forma parte del ADN cultural. Y es el estilo de liderazgo dominante.
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